Noche profunda.
Damián regresó a Villa Buganvilia y, después de detener el coche, levantó la mirada hacia la habitación principal del segundo piso.
La luz ya estaba apagada.
Contemplando aquella oscuridad, extendió la mano para desabrocharse el cinturón de seguridad y salió del vehículo.
El sirviente que hacía guardia nocturna se acercó, con expresión sorprendida:
—¿El señor ha vuelto? La señora acaba de acostarse. ¿Quiere que le prepare algo para cenar?
Damián respondió con indiferencia:
—Prepá