Capítulo 37
En el baño, Aitana se salpica la cara con agua fría para refrescar su temperatura corporal elevada.

Momentos después, se queda mirando fijamente al espejo.

La mujer que le devuelve la mirada le resulta extrañamente desconocida, con el cabello negro alborotado, la piel blanca como la nieve y los labios ligeramente hinchados por los besos de un hombre...

Aitana levanta la mano y toca suavemente su mejilla: ¿es realmente ella?

En retrospectiva, la vida al regresar a Villa Buganvilia no era tan mala
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