Damián terminó de ducharse y se puso una bata blanca. Al levantar la mano, no pudo evitar mirar su brazo derecho dañado, que ahora estaba mucho más ágil, incluso podía escribir y firmar.
Al regresar a la habitación, primero fue a ver a Esperanza. En la cunita rosada, la pequeña dormía dulcemente. ¡Era su hijita!
Damián se inclinó para besar a la pequeña y Esperanza esbozó una sonrisa, probablemente sintió que papá la estaba besando.
Damián no pudo resistirse, le dio palmaditas suaves y tarareó u