Pronto se escuchó el toque de la servidumbre en la puerta:
—Señora, la señora llegó con equipaje.
Aitana lo adivinó.
Habló con indiferencia:
—Entendido, bajo enseguida.
Se levantó de los brazos de Damián y dijo suavemente:
—Primero ve a asearte, en un rato desayunaremos.
Lo acompañó a asearse, personalmente le puso pasta en el cepillo de dientes y le torció la toalla.
El hombre tenía barba incipiente azulada, Aitana tomó la rasuradora y cuidadosamente se la quitó, al final lo limpió con una toal