El lago del sur resplandecía con destellos dorados, un reencuentro invisible.
Una pequeña linterna flotaba mecida por las olas.
Aitana permanecía en la orilla, observando cómo aquella luz se alejaba hasta perderse en algún lugar desconocido.
Pensó que en ese lugar, seguramente estaría su abuela.
"Abuela, he vuelto."
"Fui a la Calle del Viento, vi donde solíamos vivir. Ahora hay rascacielos, ya no queda nada como antes, pero aquel ginkgo centenario sigue en el mismo lugar, justo frente a nuestro