Mariana enloqueció, gritando insultos y profiriendo obscenidades. Incluso intentó escupir.
Alguien irrumpió desde fuera, forzando un trapo sucio en su boca. Sólo podía mirar a Aitana con ojos sombríos llenos de odio, emitiendo sonidos ahogados.
Aitana se sacudió ligeramente el cuello de la ropa, manteniendo su voz suave: —Extráiganle sangre y comprueben si tiene SIDA.
El hombre asintió aprobando: —¡Cierto! Con esa vida tan promiscua...
Aitana le dirigió una última mirada a Mariana: —Tranquila, p