Con Elia acurrucada en sus brazos, Fernando mostraba una faceta juguetona que contrastaba notablemente con su característica severidad. La pequeña, complacida por las atenciones de su abuelo, esbozaba una tenue sonrisa que dejaba al descubierto sus tiernas encías.
En silencio, Fernando lanzaba improperios mentales hacia su esposa, lamentando que se estuviera perdiendo este precioso momento con una criatura tan adorable.
Cuando el reloj marcó la hora señalada y Lina continuaba ausente, Fernando d