Cuando era pequeña, Aitana esperaba con ansias cada Año Nuevo.
Al atardecer, la abuela dejaba enfriar las empanadas recién horneadas y después de la cena las guardaba en el sótano donde almacenaba los tamales. Ese lugar era también uno de los tesoros de la abuela. Antes, cuando eran pobres, siempre compraba grandes cantidades de maíz cuando estaba barato en invierno. Cada día conseguía un poco de carne de cerdo y añadía un puñado de frijoles, creando un plato delicioso.
La abuela siempre selecci