La señora Uribe no se atrevió a decir más e indicó a Damián que entrara.
Damián entró al estudio.
Fernando sostenía un incienso y señaló el quemador: —Enciende un incienso para el patriarca, que su espíritu en el cielo bendiga a Aitana para que recupere pronto su audición y proteja al niño en su vientre.
Damián tomó el incienso de sándalo, se inclinó respetuosamente y lo colocó en el quemador.
Fernando observó su expresión y la evidente contusión en su rostro. Sintiendo compasión, dio una palmad