Su esposa vestía diferente a como solía hacerlo, había dejado atrás los rígidos trajes sastre y ahora lucía elegante, como si se hubiera arreglado cuidadosamente para una cita.
Damián se sintió incómodo y sacó su teléfono para llamar a Aitana.
Apenas contestó, él preguntó con frialdad:
—¿Dónde estás?
Después de una pausa, Aitana respondió:
—¿Acaso tengo que informarte de cada lugar al que voy? Damián, nos vamos a divorciar.
—Esa es solo tu decisión unilateral —replicó Damián.
Aitana soltó una ri