Ana podía beber muy bien, dos copas seguidas de licor blanco sin que su rostro enrojeciera. Todos aplaudieron.
Aitana salió rápidamente del reservado y corrió al baño, donde escupió todo el licor. Lo que había llegado a su garganta lo expulsó enjuagándose con agua del grifo, forzándose a sacarlo todo.
Cuando terminó, quedó completamente exhausta.
Esteban se sentía inútil. Aparte de saber algo de pelea y fanfarronear, no era tan capaz como Ana. Le dio palmaditas suaves en la espalda a Aitana y di