Esto era claramente una invitación a marcharse, ¿cómo no iba a entenderlo?
Damián no insistió demasiado. Se vistió con la ropa que llevaba al llegar y se despidió con ternura: —Me voy, descansa bien.
Aitana permaneció de pie hasta escuchar el sonido de la puerta cerrándose. Solo entonces se quitó mecánicamente la bata, contemplando en el espejo las marcas de intimidad por todo su cuerpo.
Por culpa de Miguel, Damián había sido especialmente brusco esta noche, como queriendo marcarla como de su pr