Por la noche, un Rolls-Royce negro entró lentamente en la mansión de los Uribe.
La puerta del coche se abrió y Damián descendió, alto y erguido, emanando un aire de indescriptible elegancia.
Empujó la puerta del estudio en medio de la brisa nocturna.
Alejandro estaba jugando ajedrez solo cuando, al escuchar la puerta abrirse, no pudo evitar burlarse: —Ja, ja, nuestro gran artista ha regresado. Debes estar disfrutando todos esos comentarios descarriados en internet. Tienes una multitud de jovenci