Dominic Blackwood
El estruendo de la entrada principal al colapsar no fue solo metal retorciéndose; fue el sonido de mi salvación y mi condena. Por las aberturas de la fundición, envueltos en una nube de polvo y esquirlas, aparecieron Spencer y Marcos, mi mano derecha. Marcos avanzaba con la frialdad de un espectro, su subfusil barriendo el área con una precisión que hizo que los hombres de Dylan se lo pensaran dos veces antes de disparar.
Pero la ventaja táctica se desvaneció en un segundo. Dy