Chloe Donovan
Quince días. Trecientas sesenta horas. Treinta y seis mil minutos sin saber absolutamente nada de Dominic Blackwood.
Al principio, los primeros tres días, me mantuve en una especie de alerta defensiva, esperando que cruzara la puerta de mi taller con su arrogancia habitual o que enviara a uno de sus hombres a reclamar el avance del retrato. Pero el silencio se instaló en el almacén de Shoreditch como un invitado pesado y polvoriento.
Me volqué en el trabajo. Pinté hasta que me dol