Dominic Blackwood
Ver la mano de Victor Rose sobre el hombro de Chloe fue como ver una mecha encendida sobre un barril de pólvora. No iba a permitirlo. No iba a dejar que el hombre que había jurado destruir a mi familia tocara lo único puro que me quedaba, aunque ella ya no me perteneciera. No me importó el protocolo, ni las cámaras, ni los susurros de la élite de Londres que nos rodeaba.
—Nos vamos. Ahora —sentencié, con una voz que no admitía réplica.
No esperé a que aceptara. Crucé el espaci