Chloe Donovan
Había pasado las últimas semanas en una especie de burbuja extrañamente pacífica. Había tenido tres citas con Victor, y mentiría si dijera que no las disfruté. Era divertido, culto y, sobre todo, me respetaba. No había presiones, ni sombras de violencia, ni esa posesividad asfixiante que parecía ser la marca de fábrica de los hombres en mi vida. Por otro lado, Dylan se había convertido en un pilar inesperado; se comportaba más como un amigo protector y un socio artístico que como