Chloe Donovan
El estudio de Dylan Ferrer se había convertido en mi búnker, pero Sebastián, con esa insistencia casi maternal que siempre lo caracterizaba, decidió que necesitaba "oxígeno". No el oxígeno de los parques, sino el de una de sus exclusivas fiestas en un ático del Soho.
—Chloe, pareces un fantasma manchado de óleo —me había dicho mientras me obligaba a ponerme un vestido de seda negro, sencillo y fluido—. Esta noche no eres la "Donovan de los Blackwood", ni la ex de nadie. Eres solo