Chloe Donovan
Estaba sentada frente a Dylan Ferrer en un pequeño bistró cerca de su galería privada. Hablábamos de trazos, de texturas y de la libertad que sentía al pintar lejos de la sombra de los Blackwood. Por un momento, mientras él me explicaba su visión sobre el arte contemporáneo, sentí que podía respirar. Dylan no me miraba como un trofeo o como una víctima; me miraba como a una artista.
Sin embargo, la conversación se truncó cuando Dylan se llevó la mano al abdomen, palideciendo.
—¿Dy