Dominic Blackwood
Entré en la oficina de Spencer sin llamar. El aire allí dentro estaba cargado de una tensión que podía cortarse con un hilo dental. Mi hermano estaba sentado tras su escritorio de cristal, pero no estaba solo; Mia estaba de pie frente a él, con los brazos cruzados y una expresión que mezclaba la culpa con la firmeza. Al verme entrar, ambos se pusieron rígidos, como si los hubiera interrumpido en medio de un funeral o de una confesión.
—No encuentro a Vanessa —solté, sin preámb