Dominic Blackwood
Bajamos al comedor casi una hora después de lo habitual. El ambiente entre nosotros había mutado; ya no era esa guerra de trincheras helada, sino algo parecido a una tregua armada. Chloe caminaba un paso por delante de mí, con la barbilla en alto y esa elegancia natural que parecía ignorar que hacía poco sus mejillas estaban empapadas en lágrimas.
Al entrar, Spencer y Casey ya estaban instalados. Spencer, que tiene un radar especial para detectar cualquier cambio en la presión