Dominic Blackwood
La luz del amanecer se filtraba tímidamente por las cortinas de la habitación, pero para mí, el sol ya había salido en el momento en que sentí el peso de Chloe contra mi pecho. No me moví en toda la noche. Tenía miedo de que cualquier respiración demasiado profunda rompiera el hechizo y la devolviera a la habitación de al lado.
Sentí que ella empezaba a desperezarse. Sus músculos se tensaron levemente y apoyó las manos en el colchón, intentando incorporarse para salir de la ca