Capítulo 36

El jardín quedó en un silencio inquietante tras el último disparo. El cuerpo de Alaya se desplomó como una muñeca rota, y con ella, algo esencial en Bianca parecía haberse quebrado. Su llanto era desgarrador, resonando en un aire ya cargado de tensión.

Bruno la abrazaba con fuerza y con sus palabras intentando consolarla:

—Lo siento, Bianca... No pude detenerlo.

Pero ella se retorcía entre sus brazos, golpeándolo débilmente, como si el contacto físico la quemara.

—¡Tú no entiendes! Era mi herma
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