Habían pasado dos semanas desde que habíamos traído a la fuerza a Laura. Seguía comportándose como una chiquilla caprichosa haciendo rabietas a cada rato.
Ludovico se encargaba de tenerla bien vigilada mientras Bruno y Luciano investigaban con sus hombres el paradero de Antonio.
Sabía que iba a ser imposible dar con él, manejaba a la mayoría de los narcotraficantes de México y ellos darían su vida por mantenerlo a salvo pese a lo que fuera.
—¿En que tanto piensas?
La voz de Luciano me saca