En especial ese día, ella sacó un vibrador.
Juan, a través del oso de peluche, lo vio todo. Tenía tantas ganas de poseerla, de estrangularla hasta que su rostro se pusiera rojo escarlata y sus ojos se pusieran en blanco.
Pensando en esto, Juan puso su mano en el fino y blanco cuello de la mujer. Era tan hermosa, con un cuello delgado y largo, sin un solo defecto.
La fuerza en su mano aumentó, y la mujer en la cama rápidamente enrojeció y frunció el ceño. Pero seguía dormida. Juan respiró aliv