La casa de Andrea estaba silenciosa, pero la tensión que flotaba en el aire era palpable. Desde que las noticias sobre el embarazo de Vanesa se habían hecho públicas, Andrea había notado un cambio sutil en Natalia. Durante años, había albergado la esperanza de que su amiga de la infancia y su hijo terminaran juntos, pero ahora, la realidad parecía destrozar esas ilusiones.
Caminando por el pasillo de la planta superior, Andrea llevaba una bandeja con una taza de té caliente. Se detuvo frente a