El sol se deslizaba suavemente por el horizonte mientras Alejandro y Vanesa caminaban hacia el muelle, el ambiente de Seúl aún vibrante con el bullicio de la tarde. Después de un día de exploración y risas, él había planeado una última actividad que ambos nunca olvidarían: un paseo en barco por el río Han. Con una brisa fresca acariciando la piel y la promesa de una vista espectacular de la ciudad, parecía el plan perfecto para terminar el día.
—¿Lista para un paseo en barco? —preguntó Alejand