Otro: debe esperar fue lo que recibió Alejandro después de ir a preguntar unas tres veces más. El ambiente en la sala de espera del hospital era opresivo. Las paredes, de un blanco impersonal, parecían cerrarse sobre los pocos ocupantes que estaban ahí, atrapados en el mismo limbo de incertidumbre. Alejandro caminaba de un lado a otro, con las manos crispadas detrás de la espalda. Cada vez que pasaba junto a la recepción, dirigía una mirada suplicante a la enfermera detrás del mostrador. Ella,