Una semana después..
La llave giró en la cerradura del departamento, y Alejandro empujó suavemente la puerta con una mano mientras arrastraba dos maletas con la otra. Vanesa, justo detrás de él, entró despacio, mirando alrededor con una sonrisa nostálgica.
—Vaya, nunca pensé que extrañaría tanto este lugar —dijo, dejándose caer en el sofá con un suspiro exagerado.
—¿Tanto te gustó Seúl? —bromeó Alejandro mientras dejaba las maletas en un rincón.
—Sí, pero nunca subestimemos el poder de un sofá