—Me encantaría poder darte alguna habitación, pero como comprenderás eres una prisionera, cariño.
Mi mirada se encontró con la suya y lo que vi en sus ojos solo fue perversidad simple y cruda.
En cuanto él se dio la vuelta para perderse en algún pasillo uno de sus hombres tomó mi brazo y me llevó por el pasillo contrario hasta unas escaleras de madera que chirriaban mientras descendíamos.
Su agarre en mi brazo era fuerte, como si tuviera oportunidad de escapar a algún lado, cosa que no creía po