La soledad era la más grande de las torturas. Eso y perder la noción del tiempo.
No saber si era de día, tarde o noche.
Solo sabía cuantos días pasaban porque recibía una sola comida por día.
Era la única vez en el día en el que se abría la puerta, pasaban veinticuatro horas y el ya conocido sonido chirriante de la puerta al ser abierta me alertaba de que otro día había pasado.
Y según mis cuentas, llevaba siete días aquí y parecía más delgada que en cualquier otro día de mi vida.
Solo había po