Siempre había creído que el mal y la oscuridad se escondían en las alcantarillas, en los barrios bajos como en el que vivía. En clubes de mala muerte y otros tantos de prostitutas.
Pero mientras sostenía la mano de Khail y caminábamos uno al lado del otro a través de un largo y opulento pasillo, entendí que el mal, el verdadero mal, se encontraba tras cuerpos perfectos y casas de lujo.
Khail dominaba la ciudad. Mantenía a todos los criminales a raya dejándoles saber cuales eran los límites de e