Capítulo 16

—Pero me has quitado mi libertad.

—Tienes horas aquí, fierecilla, no predispongas tu mente a todo lo negativo.

Se separó de mi cuerpo respirando pesadamente y mi cuerpo tembló cuando se dio la vuelta y pasó sus dedos por su cabello tratando de calmar el fuego que había visto en esos hermosos ojos azules.

Ya no eran témpanos de hielo dispuestos a congelar todo a su paso.

Ahora eran un hielo derretido que amenazaba con quemarme si me acercaba demasiado. Y ese fuego de alguna forma fue tan familia
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PauCada día me atrae más esta historia
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