Obviando esos recuerdos cerré la puerta con cuidado y terminé de recorrer el oscuro pasillo para llegar a las escaleras.
Todas las luces estaban apagadas y eso ocasionó que un leve escalofrío recorriera todo mi cuerpo. Nunca había recorrido los lugares de esta casa en plena noche y sobre todo en penumbras.
Pero agradecía el leve fulgor que entraba por las ventanas que poseían las cortinas corridas, ya que daban una tenue iluminación que me dejaba ver mi camino sin tener que tropezar con nada.
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