James retrocedió un paso, más sorprendido que herido por el empujón de Aidan. Su mirada se cruzó con la de Sofía, buscando respuestas, pero lo único que encontró fue miedo y desesperación.
Aidan no se detuvo. Su rostro estaba encendido por la rabia contenida durante tanto tiempo.
_ ¿Qué demonios haces aquí, James? ¿A que has regresado? _ su voz era baja, pero afilada como una navaja _ No tienes nada que ver con Sofía ni con su hijo. ¿Lo entiendes?
El mundo de James pareció detenerse en seco