El cielo se había teñido de un gris plomizo, reflejando la tormenta que se desataba en el interior de James mientras se alejaba de la casa de Sofía. El eco de sus propias palabras, "No me iré sin mi hijo", resonaba en su mente, mezclándose con el rugido de su corazón aún desbocado. A su alrededor, la ciudad parecía seguir adelante, indiferente a la batalla emocional que acababa de librarse en su interior.
Cada paso que daba lo acercaba a una encrucijada, una decisión que cambiaría su vida y la