Capítulo 38. El teatrito se acabó.
Bufete Valenzuela.
En el bufete no se escuchaba ni a una mosca, salvo por las respiraciones aceleradas adentro de la oficina de Raúl.
El tipo la tenía arrinconada contra el escritorio, a nada de terminar lo que la inoportuna llamada de Nicolás les cortó la noche anterior.
La calentura en ese cuarto estaba a punto de explotar. Pero justo cuando por fin le iba a plantar el beso, alguien tocó la puerta tan fuerte que los hizo brincar del susto.
—¡¿Quién carajos se atreve a interrumpir?! —gritó Sam