42. Falsedades.
Amina parecía una leona furiosa dentro de su habitación. Todo volaba por los aires: cojines, libros, perfumes, vestidos. Su rabia no conocía límites. La noticia que acababa de recibir la tenía al borde de la locura. Su padre había entrado a su habitación con el ceño fruncido y la voz cargada de decepción para informarle que el jeque —su prometido— asistiría mañana a una reunión crucial donde, al parecer, anunciaría la ruptura del compromiso.
—¡Esto es inadmisible! —había tronado él—. Me prometi