32. Su deseo hecho realidad.
El pequeño Zamir no podía estar más feliz. Sumergido en la piscina junto a su padre, su risa resonaba como campanitas de alegría pura. Se sentía en un sueño hecho realidad. Aquel anhelo que alguna vez guardó en silencio, mientras su madre nunca le hablaba de su padre. Pero quizás su mamita tenía sus razones y el no era quien para juzgarla, el único era Dios. Pensaba mientras jugaba en la piscina.
Zamir había pedido a Dios, con la inocencia que solo un niño posee, que algún día pudiera nadar en