Semanas después, la expedición Ferrer-Thorne aterrizó en El Calafate. El viento soplaba con fuerza y el glaciar Perito Moreno se alzaba imponente a lo lejos. Oliver cargaba las maletas, Paz llevaba a Leo Justiniano, y Julián, todavía algo aturdido por la noticia del embarazo, llevaba a Artemisa y el transportín de Missiu.
—Bienvenidos al fin del mundo —dijo el tío Maximiliano, señalando una cabaña de madera rústica pero lujosa frente al lago argentino.
Oliver miró a Paz y le dio un beso en la f