Llegó el día de la inauguración oficial de las obras en Mónaco. Mía no llevaba un casco convencional; llevaba un diseño propio, elegante, y en lugar de un discurso técnico, habló de colores, de la transparencia del agua y de cómo su experiencia diseñando ropa le enseñó que la estructura más importante es la que protege la vida.
Elena Vandergrift se acercó a ella al bajar del estrado. —Mía, los hombres de este principado están aterrorizados —susurró Elena con una sonrisa—. No saben cómo pelear c