Mía quería que la boda de su hermano fuera el evento de la década: pasarelas de cristal, orquestas sinfónicas y tres mil invitados. Pero Alice, fiel a su timidez, casi se desmaya al ver los bocetos del banquete.
—Mía... yo solo quiero casarme bajo el roble donde dibujo —susurró Alice, apretando la mano de Ethan.
Al final, llegaron a un acuerdo: la boda sería en el jardín de la mansión, pero con el toque de alta costura de Mía. Ella diseñó para Alice un vestido que parecía hecho de pétalos de fl