En Ginebra, Ethan organizó el lanzamiento mundial del libro de Alice. La prensa estaba expectante. Alice, roja como un tomate, estaba sentada frente a su primera edición.
—Solo tienes que leer el primer párrafo, Alice —susurró Ethan, dándole ánimos—. Estás con nosotros.
Alice tomó aire y abrió el libro, pero Missiu Leguau, que se había quedado con ellos para "supervisar", decidió que el atril de cristal era el lugar perfecto para una siesta. Se echó justo encima de las páginas, ocultando el tex