Esa noche, tras despedirse de Ethan con un beso casto en la mejilla, Clara no entró en su edificio. Esperó a que la furgoneta desapareciera y caminó dos manzanas hasta donde un coche negro con chófer la esperaba en una calle lateral.
"¿A casa, señorita Vancini?", preguntó el conductor.
"Sí, Bruno. Y por favor, recuerda que mañana tengo que estar en la oficina de Argos a las ocho. No quiero que nadie sospeche nada", respondió ella, quitándose las gafas de pasta que usaba para "parecer más intele