El aire libre pareció despertar nuevos y extraños deseos en Valeria. Una noche, a finales del octavo mes, despertó a Leo con una petición que lo dejó mudo.
"Leo... quiero huevos fritos. Pero tienen que estar hechos con aceite de trufa y... quiero que los comamos bajo el sauce, con una manta."
Leo miró el reloj. Eran las dos de la mañana. "Valeria, hace diez grados fuera."
"Los trillizos dicen que no tienen frío y tienen hambre de trufa, Leo. No me mires a mí, yo solo soy el envase", replicó ell