CAPÍTULO 296. La verdad que cambia el tablero.
Capítulo 296
La verdad que cambia el tablero.
La mañana siguiente trajo una falsa calma. El penthouse se sentía como un lugar quieto donde nadie quería moverse demasiado. Afuera la ciudad seguía su ritmo indiferente a la tensión que se respiraba en aquella sala, vehículos, voces, sirenas lejanas, como si nada hubiera cambiado el curso de la vida; adentro, sin embargo, el aire estaba cargado de algo más denso: la sensación de que, al abrir la siguiente carpeta, todo podría volcarse.
Gabriel entró primero a la sala principal. Tenía la mirada cansada, la barba sin afeitar y la corbata a medio soltar; había pasado la noche en vela pensando en la llamada de Carlos, en su amenaza torcida: “Hay verdades que no estás listo para escuchar”. No eran simples palabras. Eran una apuesta.
—Silvio —dijo—. Pon las copias en la pantalla. Quiero que todos lo vean aquí, juntos.
Silvio obedeció con la precisión de quien sabe que al manejar información sensible no hay improvisaciones. Unos minutos después,