Hubo un largo momento de tensión, donde nadie se movió. Las dos majestades, frente una de la otra intercambiaron miradas… hasta que fue la reina la que se incorporó rápido y retrocedió dos pasos poniendo una notable distancia entre ellos. El ceño de ella dolorosamente fruncido y sus manos debajo de las manos de su túnica, para mantenerlas escondidas.
En cuestión de segundos su rostro pasó de una expresión molesta a una completamente seria y enfocó a Ilayen antes de hacer una leve reverencia.
-¿