-¿Fue tu príncipe o el alfa el que golpeó su frente?- fue la pregunta de la reina varios minutos más tarde. Tras calmar la ansiedad en ambos solo dejándose llevar en medio de un abrazo, sin nada más allá, Ilayen se había sentado con la espalda contra el tronco y atrapado a la loba entre sus brazos y piernas.
Esta vez ella no opuso resistencia y recostó su cabeza hacia atrás soltando un bostezo. Ilayen acarició las muñecas de ella entre sus dedos a modo de masaje. Así de feas habían tenido que s