No fue necesario preguntarle a Aleksander lo que iba a pasar; fue suficiente ver cómo su camisa tenía sangre justo donde mi rostro se encontraba.
—¿Tengo un sangrado nasal? —pregunté mientras él caminaba conmigo entre sus brazos y la preocupación se dibujaba por todo su rostro—. Quiero que respondas.
—Sí, amor —él siguió con el paso firme—. La hemorragia es muy fuerte y no puedo esperar que te quedes en casa a esperar que se detenga.
Aleksander me subió en una camioneta que no sabía de dónde hab