Los ojos de Tomás se abrieron con incredulidad ante mi petición.
Jamás pensó que hablaría con tanta firmeza.
Pero no lo dije esperando una respuesta.
El mundo era grande, y yo no era una omega indefensa sin respaldo ni garras. Nací en la Manada Colmillo Dorado, entrenada por mi hermano, un lunático con alma de comandante, y criada por una Luna que una vez mató a un renegado con un tacón de aguja. ¿Evitar a mi ex? Por favor. Era lo más fácil de ser yo.
Me di la vuelta y me alejé sin mirar atrás.